El retrato del directo

El Cosmic Fest alarga su huella en el Herre 74 hasta el 16 de abril con las imágenes del fotógrafo Unai Endemaño

Carlos González J.R. Gómez/Unai Endemaño - Lunes, 20 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:13h.

Vitoria- “No hay un músico como tal, pero sin duda hay un melómano dentro de mí”, explica el fotógrafo Unai Endemaño. Los conciertos ya se han terminado en la cuarta edición del Cosmic Fest, que durante este pasado fin de semana ha vuelto a poner en primer plano a la escena underground. Sin embargo, mientras el certamen mira a lo que vendrá en 2018, la huella de esta última entrega todavía va a permanecer en Gasteiz gracias a la exposición que el autor vizcaíno inauguró el pasado jueves en el Herre 74, donde la muestra permanecerá abierta hasta el 16 de abril.

Colaborador de publicaciones como Mondo Sonoro, Ruta 66, Metalhammer o DiabloRock.com, entre otras, también trabaja de manera directa con formaciones como los gasteiztarras Childrain o Asphyx, Avulsed, Rise to Fall... Además, sus instantáneas también han servido para realizar distintas producciones expositivas que se han podido ver en Zaragoza, Bilbao, Santander y Pamplona, entre otras ciudades. En lo que respecta a la capital alavesa, una de esas muestras ya estuvo hace un tiempo en el ya desaparecido El Antiguo, aunque en esta ocasión regresa, en el marco del Cosmic Fest, con una propuesta distinta, centrada en lo que sucede en los directos sobre los escenarios (bueno, o debajo de ellos).

Una docena de obras componen un trabajo protagonizado por bandas como SubRosa, Oathbreaker y Obsidian Kingdom. “Nunca llevo estudiada a la banda que voy a fotografiar, aunque ayuda conocerla, saber sus gestos y rasgos distintivos y, sobre todo, conocer bien su música para poder anticiparte y meterte en lo que te están trasmitiendo”, apunta el fotógrafo sobre su trabajo en las actuaciones, al tiempo que considera que desarrollar su labor en los festivales y en las salas no supone hablar de algo “opuesto”.

Mientras reconoce que prefiere el directo (“los conciertos son mi zona de confort”) que realizar sesiones promocionales (“representan un campo en el que me gusta ir mejorando, aprendiendo y dividiéndome”), Endemaño describe que durante las actuaciones en las que le toca trabajar “enterarme, me suelo enterar de lo que suena, ya que de otra manera es complicado tratar de plasmar lo que la banda está dibujando;ademas muy a menudo, tengo que hacer también crónicas de los bolos a los que acudo. Soy multitarea”, describe.

Como es evidente, imagen y sonido están más que unidos en su caso. “Tengo una colección de unos cuantos miles de discos coleccionados a lo largo de los años, y la música siempre ha sido el eje sobre el que ha girado mi vida entera. Para mí, haberme especializado en fotografía musical ha sido una consecuencia lógica. Llevo siendo crítico musical más tiempo que fotógrafo, y lo de plasmar en imágenes lo que ven mis ojos, no supone más que otra extensión de mi pasión por los sonidos. Retratar con palabras o retratar con una cámara, al final es parecido si uno sabe cómo hacerlo”, reflexiona el autor.

De hecho, da igual el género, la relación entre música y fotografía es larga, fructífera y muy valorada, por lo menos hasta hace no tanto. Preguntado por si los grupos hoy son los primeros que saben ponderar la importancia del trabajo de los fotógrafos, Endemaño explica que “depende de los grupos y de los estilos que practiquen. En según qué estilos, como el hard más pomposo, las sesiones de fotos son muy valoradas y las bandas son conscientes de lo importante que es una buena imagen para poder llegar a más gente. Lo normal de todos modos es que la gente se tome más en serio las sesiones de promo, cuanto más profesionales sean”.