‘Regreso a Berlín’, más que una gran novela

Por Javier Elzo - Sábado, 15 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:12h.

Su autora es Verna B. Carleton, (Periférica & Errata Naturae, 2017. 408 páginas). El original se editó el año 1959 y ahora vuelve a ser reeditado y traducido. La autora, periodista, hija de un alemán casado con una inglesa, animó y acompañó, el año 1957, a una amiga exiliada del nazismo a realizar un viaje a Alemania para reencontrar su familia y sus amistades en su país post-Hitler. Para ambas era volver a sus orígenes. La novela, con nombres y personajes ficticios, viene a narrar esa experiencia. Me lleva a traerla aquí, no solamente porque es una excelente novela, sino por porque aborda cuestiones que, a la postre, solamente la buena literatura puede tratar con la penetración que ningún ensayo puede lograr. Pero, atención, no estamos ante una novela de las de leer en la playa o en el autobús. Si deciden leerla, sepan que, en algunos momentos, tendrán que agarrarse al sillón, levantar la vista del libro, darse una vuelta por su casa y tomarse un trago. Y pensar. Lo que es un lujo, a menudo inquietante.

No es una novela de buenos y malos, aunque no se oculte en absoluto la maldad del régimen nazi, pero sin olvidar algunas acciones muy reprobables de los vencedores de la guerra. La agudeza y sensibilidad de la autora es tal que descubrimos, en los buenos, como Eric, que hubo de huir del nazismo, cobardías que supusieron que otros cayeran en manos de la Gestapo; y en otros, en los malos, como un alto miembro del nazismo, reconocer su tremendo error y antes de suicidarse ayudar a los judíos que pudo en su propia casa.

Es la complejidad humana en el seno de una población llevada a una situación límite. También descubrimos la vergüenza sin fin de quien delató a una vecina a la Gestapo, por judía, y que, como nos dice Jonathan Littell en Las Benévolas (la mejor novela que he leído en lo que llevamos de siglo) le perseguirá hasta el final de sus días.

Quiero detenerme en dos cuestiones que aparecen en un momento extraordinario de la novela. Cuando entierran al marido de Rosie, alto dignatario nazi que se suicidó, Rosie decide suicidarse a su vez. Al final no lo hace, pero el relato de lo sucedido es memorable. Son cinco páginas que no entran en este artículo, pero he retenido dos temas que traslado aquí: el fracaso de los cristianos en el nazismo y la situación de los alemanes nazis el año 1957.

¿Dónde estaban los nazis el año 1957? “¿Quería Eric la verdad?, se pregunta Rosie. Entonces debía escuchar lo peor. Habían hecho faltan millares (cientos de millares, según algunos), para formar los SS y las SA, para dirigir los campos de concentración y todas las fuerzas de represión en los países ocupados. Y eso, si hablábamos solo de nazis fanáticos, no de la gente inocente que se vio arrastrada. (…)

¿Dónde se imagina el mundo entero que se han ido esos fanáticos? -inquirió Rosie-. No se han esfumado. Se hallan en toda Alemania, en ambas zonas, trabajando pacíficamente sin la menor sensación de culpa por lo que hicieron en el pasado. Te dirán que sólo obedecían órdenes de sus superiores. Es gente sin rastro de conciencia ni de alma, gente que puede encender el gas que asesina a millones de personas y después decir: ‘Estás manos no son mías. Soy una herramienta. Un cero’. Y un cero no puede sentir culpa, ¿no es así? (…) Es claro -exclamó Käthe (media hermana de Eric)-. La gente de fuera, que siempre anda diciendo que el fascismo ha muerto en Alemania, está loca de atar. Nosotros, los que vivimos aquí, nos vemos rodeados constantemente por terribles recordatorios de que el pasado no es el pasado. Sigue siendo el presente. (…) Nadie sería lo bastante imbécil como para revivir a los nazis en cuanto partido o fuerza política. Sin embargo, hay millones de personas en Alemania hoy en día que no pueden decirlo abiertamente, aunque en lo más profundo de su corazón recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Solo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado”. Por favor, retengan esta última frase: “Solo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado”.

Recuerden, el libro se escribió en 1957. Hace sesenta años. En la actualidad, el nazismo sigue en pie. Y no solamente el nazismo hitleriano. Es el eterno retorno de los fascismos. De los totalitarismos. De las dictaduras. De izquierdas y de derechas. También entre nosotros.