Vitoria marcada en la piel

Laia Díaz Romero es una joven de Cornellá que ha heredado la pasión por Vitoria de su abuelo. Como muestra de ello ha tintado su brazo con un tatuaje de Celedón, figura gasteiztarra muy ligada a la historia de su familia y que da nombre al negocio familiar

Un reportaje de Paula Gatón. Fotografías Jorge Muñoz / Cedidas - Lunes, 17 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h.

Aveces no hace falta nacer en un lugar para enamorarte de él. Un claro ejemplo de ello es Laia Díaz Romero, que acaba de tatuarse un Celedón en el brazo que le ocupa desde el hombro hasta el codo. Ese monigote con paraguas que ahora decora su piel, para esta joven de 24 años, no es solo eso, representa la historia de su familia y miles de recuerdos que están muy ligados a Vitoria y a su muñeco más emblemático.

Todo empezó con su abuelo paterno, Alberto Díaz, un vitoriano que se mudó a Cornellá donde conoció a su mujer, Carmen Vall-Llosera. En esta localidad de Barcelona formaron su familia y pusieron una papelería que ha cumplido ya sus 48 años, llamada como no podía ser de otra manera, Celedón. De esta forma, lograron dejar en el municipio barcelonés “un pedacito de Vitoria” y se labraron un apodo, “aquí somos los Celedón”, explica la nieta.

Desde entonces, cada verano, la cornellanense ha venido a la casa familiar que conservan en Vitoria. “En fiestas yo y mi hermano nos poníamos el traje y éramos como unos vitorianos más”, recuerda la joven. Primero venía con sus padres, pero luego ellos dejaron de venir. Sin embargo, ella se mantuvo fiel a su cita estival con la capital año tras año y continuó acudiendo con su abuelos.

De Gasteiz se queda con las calles Pintorería o Cuchillería, porque son muy distintas a las de Cornellá, o con las tardes que acostumbra a pasar en la Virgen Blanca tomándose su “zumito”. Pero le cuesta mucho decantarse por algo porque le gusta todo de esta ciudad y confiesa que “ojalá pudiera irme a vivir allí, de hecho estoy en ello, intentando que me hagan un traslado del trabajo”. Y es que para Laia esta ciudad es “mágica”.

Todo esto ha sido suficiente motivación para hacerse su tatuaje. No es el único, ya que tiene siete más, pero sí el más grande, con 29 centímetros de alto. “No quería una silueta, quería que se distinguieran bien los detalles y los colores, que cuando alguien lo vea se sepa lo que es”, confiesa. Cuando llegó el momento de tatuarse la imagen del aldeano y Laia le contó su historia y el significado del dibujo al tatuador, éste le confesó que es uno de los tatuajes en los que más ilusión ha puesto porque le gustó la idea y le pareció muy original.

Aunque no todo han sido buenas reseñas. También ha recibido muchas criticas, pues “no saben lo que es y ellos solo ven un muñeco con un paraguas”. Pero para Laia es mucho más, porque su pasión por este personaje protagonista de las fiestas de La Blanca llega a todos los ámbitos de su vida, ya que ha propuesto a la charanga Sarau donde toca preparar el tema de Celedón. Por no hablar de su casa, la cual describe como un “santuario” con fotos de la Virgen Blanca y estatuillas de Celedón.

Cuando llega La Blanca, la familia Díaz celebra la bajada del monigote vitoriano cada año de la misma forma, como una tradición, “todos juntos viendo la televisión vasca y tocando una campanita”, al tiempo que Vitoria se funde en saltos y vítores por el comienzo de sus fiestas. Pero este 4 de agosto para Laia será especial, porque vivirá el chupinazo en vivo y en directo nada menos que desde la balconada de San Miguel, donde ha sido invitada por el alcalde de Vitoria, Gorka Urtaran, quien se ha mostrado muy interesado por su tatuaje y su historia. Podrá, así, conocer al protagonista de su tatuaje en carne y hueso.