Com-pasión del líder

Por Aitor Ordax García - Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h.

En muchas ocasiones el liderazgo real no corresponde con el liderazgo jerárquico, el líder real es quien muestra su superioridad en el campo, es el ser influyente. El líder busca mecanismos para la mejora global, va creando su propia credibilidad y destruyendo barreras de protección ante los cambios. El personal a su alrededor comienza a confiar y cada vez necesita menos esfuerzo para que se lleve a cabo su iniciativa. Sin embargo, los cambios deben demostrarse de mejora para todos, si solamente una parte sale beneficiada la credibilidad cae en picado, esa es la clave de la creedibilidad del líder en las negociaciones, buscar siempre el ganar-ganar.

La PASIÓN por lo que se hace es una de las clave del líder, nunca se podrá ser líder de algo en lo que no se cree, o no se siente, porque es ese sentir es lo que lleva al movimiento al resto. Hay muchos libros escritos sobre esto, y la influencia en los demás suele estar muy relacionada con la energía que ponemos en el asunto. Teniendo pasión, la energía se genera de manera automática, digamos que es el viento a favor. Mientras que por el contrario sin pasión nos costará mucha energía arrastrar a los demás ya que la mayoría de las veces el sentimiento lleva mucho más al movimiento que los propios argumentos (por muy detallados que sean). Sin embargo, y hagamos el juego de palabras para recordarlo siempre, el auténtico líder debe tener también COM-PASION. Es una aptitud que me parece fundamental y no la veo reflejada habitualmente en los libros. El auténtico líder debe ser compasivo, debe luchar a muerte sabiendo que puede caer en el camino, pero si sale victorioso en el último momento puede proponer un acuerdo. Eso es lo que le hace grande. Un acuerdo con el enemigo vale más que una victoria por aplastamiento (a pesar de que podría ser lo que él hubiera recibido en caso de derrota). Y esta actitud construye a largo plazo. Y de lo que parecía un enfrentamiento puede salir un acuerdo más fuerte que nunca. Por supuesto hay que pensarse bien este último movimiento y no ofrecerlo repetidamente pero sí que hay que tener en cuenta que sostener al enemigo supone siempre un desgaste brutal, y a veces con un último movimiento puedes generar buena energía, o por lo menos resolver las situaciones con menos desgaste. Eso sí, hay que identificar bien a las personas porque como ya hemos comentado en artículos anteriores, es muy difícil que cambien y no todo el mundo se merece segundas oportunidades, y esto hay que tenerlo muy claro.