Ante otro exigente ‘ochomil’

Euroliga. Con dudas en su juego y un físico cogido con pinzas, el Baskonia abre la segunda vuelta continental con otro envenenado partido en la cancha del poderoso Fenerbahce

Oscar San Martín ACB Photo - Viernes, 5 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:18h.

vitoria - Al Baskonia se le acumulan los desafíos colosales en los últimos tiempos. Cuando acaba de dejarse la piel para tratar de buscar la machada ante un peso pesado como el Real Madrid, de repente el calendario se vuelve si cabe más envenenado y le depara la ascensión a otro ochomil. Sin tiempo para recuperarse de la titánica batalla frente a los merengues, el cuadro vitoriano se ve obligado a cambiar de chip y sumergirse de nuevo en la Euroliga con el fin de dejar atrás su mala espiral de resultados ante otro adversario, sobre el papel, inalcanzable.

La visita al todopoderoso Fenerbahce no se antoja propicia para la resurrección de un equipo en línea descendente, con varios jugadores lejos de su plenitud física y huérfano de frescura que viene de cosechar tres derrotas consecutivas. Cogido con pinzas, el Baskonia se desplazó ayer en vuelo chárter a Estambul con serias dudas en su equipaje y, sobre todo, una incógnita: saber si podrá dar la réplica al poderoso físico e intensidad de los turcos, verdugos en la ida mediante una defensa asfixiante basada en los continuos cambios automáticos que ahogó por completo la clarividencia azulgrana.

En la apertura de la segunda vuelta de la interminable fase regular de la Euroliga, al maratoniano alavés le aguarda muy descansado y con el cuchillo entre los dientes el vigente campeón continental, que si bien tampoco está mostrando en las últimas semanas la autoridad que se le presupone ya infligió al Baskonia un severo correctivo en el Buesa Arena y antes del salto inicial parte como claro favorito. Los de Obradovic vienen de sucumbir ante el Maccabi y el Real Madrid, por lo que también están acuciados a la hora de reconducir el rumbo en la Euroliga.

Con menos de 48 horas de descanso y un largo viaje entre medias, el partido no llega precisamente en un momento de bonanza ni esplendor. Si en condiciones normales el Fenerbahce ya está algún escalón por encima, el Baskonia se verá obligado a realizar otro desgaste sobrehumano para contrarrestar a un rival que enarbola la bandera del baloncesto físico y exhibe una de las defensas más graníticas del Viejo Continente gracias a la colosal envergadura de prácticamente todos sus integrantes.

Timma integró la expedición con destino a Turquía, pero su presencia está en el aire habida cuenta de las molestias que arrastra en el codo. Junto a Granger o Beaubois, el letón es uno de los muchos tocados dentro de la plantilla, abocada al sufrimiento en la recta final de los encuentros y que está acusando el sobreesfuerzo de varios jugadores para corregir un pésimo arranque de curso. Está por ver si Pedro Martínez vuelve a recurrir en la rotación interior a Voigtmann, que ante el Real Madrid recibió un merecido toque de atención.

un anfitrión temible Las apreturas clasificatorias obligan, eso sí, al Baskonia a reaccionar cuanto antes. Si bien el octavo puesto se encuentra a tiro de piedra y queda mucho por jugarse, conviene no dejar pasar las oportunidades de seguir metiendo presión al Khimki o Maccabi, que también van a menos con el paso de las semanas. La clave del billete hacia el Top 8 pasará ineludiblemente por hacerse fuerte en los ochos partidos pendientes en el Buesa Arena, pero ganar a domicilio en una pista tan complicada como la del Fenerbahce supondría un enorme salto cualitativo en todos los sentidos.

El Fenerbahce, donde Kalinic causará baja, conserva un potencial envidiable. Vesely está marcando como nunca la diferencia debajo de los tableros con sus vuelos acrobáticos, pero Obradovic dispone de infinidad de armas en todas las demarcaciones. Las tablas de Sloukas, el instinto asesino de Wanamaker o Nunnally, la clase del elegante Datome y el solidez interior de Melli suelen causar estragos. En el lado negativo de la balanza, el imprevisible nacionalizado turco Dixon no ha alcanzado su tono físico ideal, las lesiones no están concediendo respiro alguno a Kalinic, mientras que Thompson y Guduric no han hecho olvidar las alargadas sombras de dos estrellas rutilantes como Udoh y Bogdanovic. Con todo, el Fenerbahce es temible línea por línea dirigido por un insaciable devorador de títulos.