Leones de sangre alavea

De Marcos, Vesga y Simón, nacidos en Álava y con la camiseta rojiblanca

Borja Mallo Juan Lazkano - Domingo, 7 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:18h.

Lezama - No es el territorio de Álava una de las provincias más representadas en Primera División a lo largo de su historia, pero el derbi de esta tarde en San Mamés servirá para congregar una relevante cifra de babazorros entre albiazules y rojiblancos. Perdido un referente como Gaizka Toquero, Manu García se ha visto acompañado durante el último mes por un producto de la factoría de Ibaia como Martin Agirregabiria y los dos se perfilan como titulares ante un Athletic que cuenta con el mejor jugador local que ha salido de Mendizorroza en los últimos tiempos, un Óscar de Marcos que tiene compañía alavesa en el vestuario con un Mikel Vesga ya asentado en el primer equipo y un Unai Simón que se encuentra a la espera de estrenarse a las órdenes de José Ángel Ziganda en el primer equipo.

Un veterano de 28 años De Marcos es un elemento fundamental de la historia reciente rojiblanca. No en vano, el de Laguardia cumple ya su novena temporada en el club. Olfato afinado el que tuvieron en su día los rectores rojiblancos para quedarse con la gran perla de Ibaia por un precio irrisorio justo cuando El Glorioso se sumió en el pozo de la Segunda División B. En su último partido en el banquillo de Mendizorroza, José María Salmerón hizo debutar al por entonces extremo izquierdo y hoy convertido en jugador multiherramienta que tan pronto juega de lateral como ejerce de mediapunta. No le hizo falta demasiado al de Rioja Alavesa para exhibir un talento descomunal y ya como pieza fija del primer equipo disputó veinte partidos esa temporada en los que marcó tres goles. Consumado el descenso, el Athletic abonó 360.000 euros para que De Marcos, quien nunca ha negado su condición de athleticzale, cambiase de colores. “Fue todo muy rápido porque venía de una lesión muy larga el año anterior y empecé esa temporada en Tercera con el Alavés y tampoco estábamos muy bien. Me subieron al primer equipo, estuve seis meses, tuvimos la desgracia de bajar, pero el Athletic quiso contar conmigo”, evoca el de Laguardia.

De Marcos, aunque asegura que cada vez le tienen “menos respeto”, es ahora el referente para otros dos alaveses dentro del vestuario. Un papel que cuando él llegó a San Mamés interpretó Gaizka Toquero. “Cuando yo llegué no tenía gente conocida y el primero que me echó una mano dentro del vestuario fue Toquero, que me dio pie a las primeras conversaciones y a meterme en el equipo”, dice el alavés. Entonces tenía apenas veinte años y llegaba con ficha del filial pero acabó convenciendo a Joaquín Caparrós para quedarse definitivamente en el primer equipo. Hasta hoy. “Y espero que me queden unos cuantos años más”.

Una vida en rojiblanco que no le ha hecho olvidarse de sus orígenes. Imposible cuando se pasó años, junto a su padre, recorriendo a diario la distancia entre Laguardia y Vitoria para entrenar o jugar. En Mendizorroza le tocó vivir días de tristeza, con el descenso a Segunda B y la amenaza de liquidación que se cernía sobre el club. Con el poso que da el tiempo, De Marcos considera que, dentro de lo malo, ese período negro le ha servido a la entidad del Paseo de Cervantes para reinventarse y resurgir con fuerzas renovadas.

“El Alavés vivió momentos muy tristes en aquella etapa, pero ahora lleva muchos años seguidos de alegrías. Al final, igual bajar hasta tan abajo pudo suponer un punto de inflexión y el club ha sabido recomponerse muy bien y ser más serio que en aquellos años, lo que le ha permitido crecer”, dice un De Marcos que, por encima de todo, destaca la comunión que ahora existe entre equipo y grada y que antaño no era de este calibre: “La afición se involucró más con el equipo, ahora ves a jugadores y grada muy unidos y eso es un impulso muy fuerte para el Alavés. Da gusto ver cómo anima Mendizorroza todo el partido, lleva ya años ya así y ha sido un factor clave. Cuando las cosas van bien, como el año pasado, puede ser normal, pero esta temporada la gente, yendo las cosas muy mal, sigue yendo al campo a animar y eso el jugador siempre lo agradece”.

Progreso asentado Mikel Vesga fue uno de los jugadores que pasaron al Alavés cuando se firmó el convenio con el Aurrera, caladero del Athletic en Álava. En Ibaia era considerado como un jugador del primer equipo en potencia, pero ahí apareció ese instinto del vecino que trata de captar a todo vasco destacado. En Ibaigane no queda otra que tratar de fichar a todo el que despunta en Euskal Herria y el centrocampista vitoriano llamaba demasiado la atención. En cuanto en el Paseo de Cervantes se tuvo constancia de su marcha al final de la temporada 2013-14, se decretó que ya no iba a jugar más, mismo castigo que se aplicó a Ander Alday. El por entonces entrenador del filial, José Manuel Mateo, se saltó la imposición y fue destituido. Un episodio que el jugador recuerda ahora con total naturalidad y normalidad.

“Fue un año duro porque estuve cuatro o cinco meses sin jugar, pero mi decisión fue salir y la del club que no jugase y hay que entender las dos posturas. Me dolió en ese momento y no fue fácil, pero acepto esa decisión de apostar por la gente que iba a seguir. Mis amigos y mi familia son del Alavés y no guardo rencor por ese episodio”, asegura.

Vesga no explotó nada más llegar como su ahora compañero. Con 21 años, empezó en Segunda B con el filial, fue pieza clave en el ascenso a Segunda División y hubo de pasar por una cesión en el Sporting de Gijón antes de asentarse en la presente campaña en el primer equipo con un Ziganda que le conoce de maravilla y que le convirtió en elemento relevante en el arranque de este curso.

“Voy poco a poco. Al principio me costó adaptarme a vivir fuera y a un nuevo club en el que no conocía a nadie. He ido escalón a escalón. La pasada temporada ya convencí a Valverde y luego me fui al Sporting y eso me vino muy bien para quedarme este año. Últimamente no juego tanto como me gustaría, pero aquí no es fácil por la competencia”, destaca.

Ascender los peldaños de la escalera de la cantera con la meta en el primer equipo. Una cuestión común en el Athletic, pero muy rara en el Alavés. Aunque, con un discurso digno de elogiar para un chaval de 24 años, Vesga reflexiona de la diferencia que existe entre los dos clubes.

“Los mercados son diferentes porque uno solo ficha en casa y el otro puede contratar jugadores de cualquier sitio. El Alavés se está haciendo grande y está apostando por jugadores de fuera que lo están haciendo bien. Así no es fácil apostar por un chaval de la casa porque el entrenador tiene que confiar mucho en el jugador para darle minutos y que vaya cogiendo poso y se asiente con el tiempo. Pese a ello, en el club hay gente de Vitoria que está capacitada para dar el salto y hemos visto a jugadores de la casa como Martin o Víctor que están rindiendo a muy buen nivel y yo me alegro por ellos”, explica.

Por la escalera de Lezama De Marcos llegó al primer equipo alavesista, Vesga se quedó en el filial y Simón ni siquiera pasó por Ibaia. Del Aurrera se fue a Lezama con apenas catorce años y desde entonces ha ido pasando por los diferentes equipos de cantera hasta su situación actual a caballo entre el primer equipo y el filial. Titular con la selección sub’21 por delante del alavesista Antonio Sivera, todavía se encuentra a la espera de su oportunidad para debutar en el primer equipo mientras ocupa la portería del segundo.

Como todavía no es de manera oficial futbolista de la primera plantilla, no puede hablar con los medios de comunicación. Una situación que podría cambiar en breve, ya que es una de las personas que viven pendientes del futuro de Kepa Arrizabalaga. Si el de Ondarroa, como parece, abandona en breve Bilbao, el de Murgia podría pasar a convertirse en el relevo de Iago Herrerín si el Athletic no decide repescar a Álex Remiro. De eso dependerá también la renovación de su contrato, que concluye al final de la próxima temporada.

En la tradición de grandes porteros de Lezama, quienes han seguido su trayectoria desde cerca no tienen dudas de que hará una carrera sólida durante muchos años. El problema es que en su puesto la competencia es enorme en San Mamés, pero todos creen que si le llega la oportunidad -es alto, muy fuerte y, a pesar de la juventud, tiene la cabeza de un veterano- se va a asentar para sumarse al listado, siempre corto, de alaveses de Primera.